
«La segunda vista» (1892)
Roman Manuel Rojas Chavez
Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM)
Entre las grandes figuras de Juana Manuela Gorriti, Mercedes Cabello de Carbonera y Clorinda Matto de Turner, se encuentran escritoras que se han visto eclipsadas por las antes mencionada. Una de ellas es Ángela Carbonell de Herencia Zevallos, cuya presencia en el panorama literario peruano de fines del siglo XIX resulta fundamental para la participación femenina en la prensa y en los espacios culturales de la época. Pues, a pesar de su relevancia, por el momento se ha obtenido apenas con la información de que nació en Ica, mas no se cuenta con fuentes accesibles sobre la fecha de nacimiento o fallecimiento (García, 1925).
Su labor como promotora cultural se resalta por su actividad empresarial desde la propiedad de una imprenta en la que surge La Alborada. La impresión de esta revista no se corresponde, sin embargo, con las limitaciones actuales de esta labor editorial, sino a una acción más compleja en donde se atiende también a la revisión completa de su contenido y el cuidado mismo de la forma en la que es presentado. A esto se suma la responsabilidad financiera de la publicación; pues, de acuerdo a Tauzin-Castellanos (1995), La Alborada nace del capital de Angela Carbonell. Además, no sería la única revista editada por ella, ya que Clorinda Matto de Turner (2017 [1895]) refiere: «Ángela Carbonell, la picaresca y festiva escritora que tanto lustre dio a La Alborada y a La perla del Rímac» (p. 178). Con lo cual se destaca su participación activa para la calidad de estas publicaciones periódicas.
Entre sus actividades se cuenta también la de traductora, de cuyos resultados Clorinda Matto de Turner (2017 [1895]) tiene tan grata opinión: «ha obsequiado a la prensa sus magistrales traducciones francesas con todo el galano decir de Víctor Hugo o el incisivo lenguaje de Balzac» (p. 178). De tal manera, Ángela Carbonell no solo podía expresar bajo su propio estilo sus ficciones, sino que fue capaz de trasladar, a decir de la autora de Aves sin nido, el estilo original de los escritores franceses al español para el regocijo de su público en Lima, el cual estaría compuesto principalmente por mujeres.
Sobre esto último, cabe recordar que el trabajo de Carbonell se inserta en un momento de transformación dentro del campo cultural peruano. Es en este contexto en el que, desde la gestión de Juana Manuela Gorriti, se crean las Veladas Literarias de Lima, donde Carbonell lee el cuento que aquí nos convoca: «Segunda vista». Estas veladas, según Portugal (1985): «representan un momento singular por haber logrado abrir un espacio para las mujeres con sus ideas nuevas. Nueva para una sociedad que se aferraba irreductiblemente a formas de vida y pensamiento hispánico-feudales» (p. 4). De tal manera, su presencia no es casual, pues ella cuenta con una participación activa en el pensamiento femenino moderno a partir de sus contribuciones como escritora, traductora y empresaria, con lo que se erige como una figura que fractura las rígidas normas sociales de la época que pretendieron limitar el quehacer intelectual de las mujeres.
Como parte de este conjunto de pensadoras modernas, su participación en las veladas implicaba un proceso de retroalimentación en el que se reflexiona y afina la sensibilidad que se terminaría expresando en su narrativa. Así, la formación de una voz narrativa ya no era un ejercicio íntimo, casi clandestino, sino que encontró en estas veladas un lugar para su crecimiento:
En estas veladas se va formando una nueva sensibilidad acerca del rol de la mujer letrada en la sociedad, no solamente por los textos que en ellas se leen sobre la educación femenina, por la voz que se les otorga a las escritoras jóvenes, sino también por las nuevas formas de interacción que en ellas se promueven. (Cárdenas, 2017, párr. 3)
Esto, a partir del direccionamiento de Juana Manuela Gorriti, implicó también un sentido de compromiso por el cual el ejercicio intelectual se encontraba destinado a un proyecto mayor que supera las individualidades de cada una de sus participantes: «la creación de una conciencia nacional que permitiera forjar un grupo de intelectuales comprometidos en un proyecto americanista» (Goswitz, 2012, p. 79). Así, el sitio de la literatura en este contexto no se limitaba a lo personal, a la búsqueda de una estética torremarfilista centrada solo en la potencialidad de la lírica textual, sino que se vinculaba a la construcción de una identidad local, el reconocimiento de la unidad colectiva por el cual forjar un sentido autóctono de la cultura y, dentro de ella, ubicar a la mujer como agente activo.
En las veladas literarias de Lima, el propósito americanista identificado en Gorriti generó propuestas narrativas en búsqueda de la identidad peruana. La necesidad de una tradición propia sobre la cual construir lo nacional para las escritoras participantes en estas veladas las llevó a encontrar como eje central lo incaico en muchas de las narraciones leídas en ese contexto. La popularidad de los relatos producidos sobre esta temática incluso superarían los límites del país, llegando a estar presente en escritoras como Josefina Pelliza de Sagasta, para quien el incanato resulta importante en su producción narrativa, con lo cual María Vicenz (2016) indica lo siguiente:
Esta valoración de la cultura incaica se relaciona, creemos, con una serie de ficciones que gozaban en ese momento de bastante popularidad en Perú, especialmente en su emergente círculo de letras femeninas: entre 1870 y 1880 varias escritoras publican en la prensa limeña relatos, tradiciones y leyendas que toman como eje el mundo indígena. (pp. 69-70)
Es esta misma la temática sobre la cual se desarrolla la ficción construida por Ángela Carbonell. La diégesis de «Segunda vista» se desarrolla en los últimos años del Imperio incaico focalizada en la vida de su protagonista Sumac, hermana de Atahualpa, quien entre sueños ve el trágico destino de su familia y, en suma, del imperio mismo en manos de extranjeros. Es en razón a estos referentes que la escritora logra fusionar elementos históricos y ficcionales a fin de entregar un relato en donde la ficción revaloriza la historia y donde la historia alimenta la ficción. El desarrollo de la vida de una princesa trágica vinculada a lo sobrenatural que se relaciona de forma romántica con un soldado de las huestes enemigas adquiere mayor fuerza con el uso intencionado de referentes culturales propios del incanato.
La realidad llena de contradicciones que enmarca la labor literaria de Ángela Carbonell —cualidad propia del modernismo y la escritura de entresiglos en el Perú (Espinoza y Alvarez, 2023), expresada en las asociaciones de la literatura masculina y las escritoras, lo cosmopolita y lo hispanoamericano, lo moderno y lo antiguo, lo real y lo ficcional— se muestra también en «Segunda vista». Así, el descripción del Imperio incaico resuelve en lo ficcional algunas de las contradicciones antes mencionadas, pues a partir de referentes cosmopolitas se describe la belleza del escenario, para lo cual dota de exotismo sublime un pasado que le es ajeno y del cual no se contaba con demasiada información pero con suficiente vacíos para ser llenados de creatividad literaria. De igual manera, Sumac expresa en sí misma contradicciones que la hacen diferente a los demás personajes: mientras que en todos hay una correspondencia entre la belleza física y el carácter, lozano y alegre; la belleza de la princesa está acompañada de una salud deteriorada y una actitud flemática cada vez más constante en ella. Además, esta misma contradicción se manifiesta respecto a los españoles, en los que su «presencia bella» y «apostura audaz» se encuentran acompañadas por una disposición a la destrucción y a la muerte.
Es en esta ficción llena de contradicciones que la oposición de lo real y lo imposible se hace tangible, dando lugar así a una expresión temprana de lo fantástico en las letras peruanas. Al igual que en la literatura decadentista de los años subsecuentes en el contexto nacional, lo fantástico en este relato está inherentemente relacionado a la enfermedad. La situación liminal de la enfermedad, un espacio entre la vida y la muerte, es acompañada por la liminalidad del trance en donde su cuerpo permanece en el presente pero su mente se encuentra en el futuro viendo a detalle lo que sucederá luego con sus connacionales. La enfermedad puede ser aquí entendida como una consecuencia de la incapacidad corporal de estar en dos realidades distintas, de permanecer e interactuar con el presente y al mismo tiempo de conocer y sentir lo que sucede en el futuro. O, por el contrario, la enfermedad puede ser una causal de lo fantástico, la propiedad liminal de su estado la faculta de encontrarse también en espacios liminales en donde el tiempo no sucede de forma lineal, en donde la conciencia es capaz de ir y volver del futuro. La enfermedad causa las visiones o las visiones causan la enfermedad, ambas parecen ser igual de válidas.
La obra reúne en sí misma cualidades que luego se reconocerían y exaltarían en Abraham Valdelomar o Clemente Palma, ya sea por el tratamiento estético del pasado incaico por un lado o el desarrollo decadentista de personajes vinculados a lo fantástico por el otro. El cuento «Segunda vista» (1892), de Ángela Carbonell, es muestra de uno de los primeros relatos en donde la enfermedad es un agente sustancial para la evocación de lo fantástico, sobre todo como facultad de un personaje femenino protagónico que, por su constitución física, tiene un conocimiento mayor el de sus congéneres. La constitución patológica del cuerpo es acompañada de una capacidad cognoscitiva superior, el conocimiento en la mente del enfermo se desprende de las limitantes de los sujetos sanos, en este caso, de la limitante espacio-temporal que impide ver y prepararse frente un futuro trágico
Tanto este relato como otros de las Veladas Literarias de Lima son sustanciales para comprender el quehacer literario en la capital peruana, el contexto por el cual toma mayor protagonismo la literatura escrita por mujeres y la manera en la que estas se posicionan respecto a un espacio cultural gobernado por hombres. La reivindicación de «Segunda vista» es fundamental para actualizar el panorama del desarrollo de la literatura nacional en múltiples ejes: los inicios del modernismo en el Perú, progreso de la literatura escrita por mujeres, las expresiones de la enfermedad en la ficción, las primeras manifestaciones de lo fantástico, entre otras.
BIBILIOGRAFÍA:
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Espinoza, E. y Alvarez, E. (2023). Modernismo y canon de la literatura peruana de entresiglos. Boletín de la Academia Peruana de la Lengua, (74), 229-251. https://doi.org/10.46744/bapl.202302.008
García, E. (1925). Angela Carbonell de Herencia Zevallos. En, La mujer peruana a través de los siglos (pp. 66-67). Segundo Tomo. Imp. Americana.
Goswitz, M. (2012). De pizarras y pupitres a borrones y bosquejos: El rol de las veladas literarias en la escritura femenina peruana del siglo XIX. En S. Guardia (ed.), Escritoras del Siglo XIX en América Latina (pp. 78-85). Centro de Estudios la Mujer en la Historia de América Latina. https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc1219019
Matto de Turner, C. (2017 [1895]). Las obreras del pensamiento en la América del Sur (1895). (Lectura hecha por la autora en el Ateneo de Buenos Aires, el 14 de diciembre de 1895). Asparkía, (29), 169-179. http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2016.29.12
Tauzin-Castellanos, I. (1995). La narrativa femenina en el Perú antes de la guerra del Pacifico. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, 21(42), 161-187. https://doi.org/10.2307/4530830
Vicens, M. (2016). La escritora hispanoamericana en la cultura argentina de entresiglos [Tesis doctoral, Universidad de Buenos Aires]. Repositorio Institucional CONICET Digital. http://hdl.handle.net/11336/82734Portugal, A. (1985). Feminismo del 800. Las veladas literarias. Viva, 1(3), 4-5. https://cedoc.sisbib.unmsm.edu.pe/biblioteca-digital/revistas/viva
