
ENFERMEDAD, POBREZA y MARGINALIDAD EN «IRIS» (1919)
Carmen Aurora Alvarez Cucho
Universidad Internacional de la Rioja (UNIR)
A finales del siglo xix y principios del siglo xx en la sociedad peruana, marcada por la Guerra del Pacífico (1879-1884) y el inicio del periodo modernizador, surgió un grupo de destacadas escritoras e intelectuales peruanas, consideradas «La primera generación de mujeres ilustradas peruanas» por la crítica literaria peruana Francesca Denegri (1996), las cuales se dedicaron a publicar sus prolíficas obras con financiamiento propio; escribir y editar en diferentes revistas y periódicos de la época; adquirir una educación superior, viajar al extranjero y residir temporalmente; pertenecer a elevados estratos socioeconómicos; promover el acceso a la educación para las mujeres y las minorías; cuestionar el rol de la mujer y crear un nuevo modelo; y, sobre todo, establecer redes intelectuales, políticas y afectivas entre ellas para mantenerse firmes ante la presión y el rechazo, especialmente de sus pares masculinos, sobre sus trabajos. Esta primera generación, que también se denominó las obreras del pensamiento, estuvo conformada por Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera, Teresa González de Fanning, Juana Manuela Gorriti, Carolina Freyre, Juana Rosa de Amézaga, Lastenia Larriva de Llona, Amalia Puga de Losada, etc.
En este grupo, destaca Lastenia Larriva de Llona (1848-1924), quien fue una reconocida editora, periodista, novelista y cuentista peruana. Como editora, fundó y dirigió la revista El Tesoro del Hogar (1886-1890) en Guayaquil y, en Perú, Arequipa Ilustrada (1910-1911) y La Mujer Peruana (1916-1919). Asimismo, publicó la emblemática novela Un drama singular (1888) y su libro de relatos Cuentos (1919), considerado el primer libro de cuentos del periodo moderno escrito por una mujer. Al respecto, en esta reseña estudiaremos un cuento de este libro titulado «Iris».
Larriva nació en una familia de clase alta y estudió en el colegio Sagrados Corazones de Belén. Desde muy temprana edad, mostró interés por la lectura y la escritura, lo que la llevó a escribir artículos y publicarlos en seudónimos. A los 20 años, en un viaje hacia Uruguay, conoció a Adolfo de la Jara, con quien se casó en 1872 y tuvieron cinco hijos. Lamentablemente, uno de sus hijos falleció en 1877 y, en 1879, su primer marido fue a combatir a la Guerra del Pacífico, donde perdió la vida. Siendo una mujer viuda y desempeñándose como profesora de piano en aquel tiempo, conoció a su segundo esposo, Numa Pompilio Llona, poeta y exdiplomático de Ecuador en Perú. En 1882, contrajeron matrimonio y se mudaron a Guayaquil, desde donde la escritora fundaría la revista El Tesoro del Hogar (1896) y se dedicaría al periodismo. En un contexto, precisamente después de la Guerra del Pacífico, empezó a asistir a las veladas literarias organizadas en la casa de la escritora argentina Juana Manuela Gorriti (De la Jara, 2020). También, dirigiría las revistas Arequipa Ilustrada (1910-1915), donde dio a conocer las obras de Teresa González de Fanning, María Nieves y Bustamante, Amalia Puga de Losada, entre otras (Tauzin, 2010); y La Mujer Peruana (1916-1920).
En cuanto a su producción literaria, desde 1888 hasta 1920 produciría bastantes textos importantes, entre novelas, poemarios y cuentos. En 1888, publicó la novela Un drama singular o historia de una familia, considerada por la crítica literaria Roxana de la Jara (2020) como la pionera del negrismo literario. En su obra poética, destacan tres poemarios: La ciencia y la fe (1889), Fulgores del ocaso (s. f.), y Fe, patria y hogar: colección de poesías (1902). En relación con su prosa corta, destaca Cuentos (1919), un libro de catorce relatos considerado pionero del género fantástico escrito por mujeres (de la Jara, 2020), «una línea de escritura que coincide con las orientaciones de la prosa modernista y decadentista de los peruanos Valdelomar y Clemente Palma» (Tauzin, 2010, p. 5).
En 2018, Cuentos fue reeditado por José Donayre y su editorial Grafos y Maquinaciones, gracias a los Estímulos Económicos del Ministerio de Cultura. Cabe destacar que anteriormente fue publicado con apoyo del Ministerio de Guerra. Entonces, después de un lustro, fue rescatada esta imprescindible obra en nuestro canon literario peruano. El texto consta de catorce relatos que pueden dividirse en temáticas y registros fantásticos, realistas y religiosos (lo maravilloso religioso). Asimismo, enmarcados en un contexto modernizador, tras la Guerra del Pacífico, y con influencias modernistas y decadentistas (Donayre, 2018).
En la mayoría de los cuentos, el personaje femenino es la protagonista, quien proviene de una clase acomodada o, en algunos casos, de la clase obrera. Por supuesto, esta última ha sido excluida y marginalizada. Sobre los cuentos, se han estudiado desde diferentes perspectivas: estudios subalternos y decoloniales, estudios de género, entre otros (Díaz Manunta, 2018; de la Jara, 2020, Tauzin, 2010; Peluffo, 2022).
Iris: la enfermedad como reflejo de la marginalidad, la pobreza y el olvido:
«Iris» es el nombre del cuento que se analizará brevemente en este trabajo y el cual precisamente es el nombre de la protagonista, quien es una niña de once años y ciega que queda al cuidado de un anciano, un hombre que fue vecino de su madre difunta y que también padece de ceguera debido a su edad. Este hombre, al quedar al cuidado de esta niña, encuentra en ella a su nieta, la cual lo terminó abandonando porque no podía cuidar de él. En este sentido, ambos personajes tienen diferentes personalidades y maneras opuestas de percibir la realidad; pues el viejo es alguien hosco, malhumorado y que jamás sonreía; mientras que la pequeña es alegre, llena de energía y optimista ante las adversidades. Este contraste de personalidades y etapas es importante porque el anciano encontrará en la niña ese optimismo para salir adelante y cambiar su dura actitud.
En cuanto al estilo del relato, tiene un lenguaje modernista, con descripciones de la narradora en tercera persona, quien tiene un afán moralista y religioso, desde su perspectiva con respecto a la situación entre ambos personajes, que se deja guiar por la caridad y la compasión más que en denunciar el problema real, con un tinte dramático y emocional. Esta mujer es una vecina que no solo describe sus diálogos y situaciones diarias, cuando van a pedir limosnas en la Iglesia, por ejemplo, sino que se preocupa por ambos desde sus preceptos de compasión y caridad cristiana por la educación recibida para una mujer-madre de su clase social.
Para Iris, esta situación en la que se encuentra la tranquiliza y le dota un sentido más cristiano y profundo en sus conversaciones con el anciano, ya que para ella Dios existe y este sentimiento la conforta, en este sentido, su ceguera no es limitante y no se siente mal por padecerla, al contrario del anciano que quiere ver otra vez para ser útil. Más adelante, dudaría de ello, pero aquí demuestra el sentido religioso que le brinda a su situación, en un diálogo con el viejo:
[…]—Pues mire usted que yo soy más feliz que los que ven, porque yo sí me lo imagino.
—No digas disparates.
—Sí, sí: cuando pienso en Dios se me llena el alma de algo muy dulce, muy bueno, muy grande que no puedo explicar, pero que siento. Es como si me bañara toda en algo muy suave, muy oloroso que me hace muy feliz, que me pone muy alegre, y deseo entonces, cantar, cantar; pero no esos cantos que sé, sino otros muy lindos, que fueran como los que cantan los ángeles en el cielo…
El viejo inclinaba la cabeza y no replicaba ya. (Larriva, 1919, p. 115)
Estas conversaciones son escuchadas por la narradora, quien reflexiona sobre la dura situación de ambos y sus diferentes maneras de encarar su discapacidad, la falta de visión, pero que la compensa con la fe en que todo saldrá bien y hay un paraíso que le espera. Sin embargo, esta aparente tranquilidad cambia cuando la niña empieza a enfermar y, luego, el anciano, tras la llegada de la peste. Esto lo nota la narradora al no verlos por varias semanas en la iglesia, esperando las limosnas para poder sobrevivir:
No vinieron los ciegos a su puesto acostumbrado al siguiente día, ni al otro, ni al otro. Comencé a inquietarme; envié a un criado a la casa de vecindad en que sabía yo que habitaban, y las noticias que me trajo fueron alarmantes. Ambos estaban enfermos, y según los datos que pudo adquirir, se temía que fuese la peste bubónica. Precisamente se presentaban entonces en Lima, por primera vez, algunos casos de tan terrible mal y el pánico empezaba a cundir en toda la ciudad. Sin detenerme a pensar en el gran peligro a que me exponía yo y exponía a mi familia, me dirigí al domicilio de los ciegos. (Larriva, 1919, p. 118)
Esta cita es clave porque aquí se pone en contexto un hecho significativo que atravesó el Perú en 1903, la llegada de la peste bubónica hasta 1930, que cobró la vida de más de 10 000 personas, quienes padecieron síntomas muy parecidos a la neumonía (Mestanza, 2019). Este hecho histórico es clave para conectar con otra situación más reciente, enlazadas por una crisis sanitaria que no se pudo controlar debido a la falta de antibióticos y la precariedad del sistema de desagües y vivienda en la capital. Cabe resaltar que, tal como indica el cuento, la mayoría de víctimas mortales fue personas de clase social baja, en extrema pobreza quienes, al no contar con una vivienda básica y sistema de desagüe adecuado, además de no tener acceso a su sistema médico de aquel tiempo, no pudieron salvarse porque la infección era rápida y letal.
Entonces, este hecho real conectado con el cuento resulta importante porque denuncia la precariedad, la pobreza y la marginalidad en la que vivían muchas personas desamparadas, en pobreza extrema y total abandono, además de padecer condiciones limitantes de salud en su vida diaria, como la ceguera, para una sociedad y Estado que es indiferentes, menos para la narradora que arriesga su vida para cuidarlos. Por supuesto, se puede hacer una comparativa de por qué no le afectó la situación, pero se intuye que es por su clase social.
El desenlace es previsible: el anciano y la niña terminan muriendo, la ayuda llega muy tarde y es una muestra de un golpe de realidad que no se compensa con el discurso religioso; ese sufrimiento de padecer una enfermedad colectiva, con síntomas fatales y veloces que terminan por llevarse la vida de dos individuos marginalizados por la sociedad. Por eso, la enfermedad, en este caso la peste bubónica, es considerada como un catalizador que expone la miseria, la pobreza y la marginalidad que vivieron muchos ciudadanos, quienes no pudieron sobrevivir a ella por sus condiciones económicas y el olvido injusto de una sociedad ante su población más vulnerable y pobre: mujeres, niños y ancianos.
Por supuesto que la narradora se queda con el mensaje religioso de este suceso trágico, de que la niña se fue sin sufrimiento y con la capacidad de trascender al cielo por su bondad y compasión, pero lo que también se denuncia y debe ser analizado, incluso cuestionado hasta ahora, es que este sistema se quiebra cuando la enfermedad se propaga y afecta a todos, después de todo la muerte es igual para cada individuo, pero la manera de enfrentarla o aceptarla es diferente para cada individuo. Ahí, es cuando se debe actuar y cerrar estas brechas.
Reflexiones finales:
«Iris» tiene un aporte más vigente que nunca. Luego de la pandemia del COVID-19 en 2020-2022, es importante replantear cómo podemos manejar una situación parecida, tal como se narra en el cuento, donde la peste bubónica de hace un siglo acabó con la vida de muchos ciudadanos. El sistema de salud y las políticas públicas sanitarias todavía son ineficientes para proporcionar seguridad en sus ciudadanos y preservar el derecho a la salud antes este tipo de crisis, además que todavía existen condiciones precarias, pobreza, marginalidad y falta de recursos, humanos y tecnológicos, en centros de salud y en la sociedad peruana que no han podido resolverse, sino fragmentarse. La enfermedad nos revela aquí estos graves problemas y los profundiza, desnudando nuestra vulnerable condición no solo física, sino colectiva. Por todo lo expuesto, los invitamos a leer este cuento desde esta mirada y proponer diálogos acerca de esta problemática urgente sobre la mesa porque nos afecta a todos.
BIBLIOGRAFÍA
De la Jara, R. (2020). En defensa de la obra de Lastenia Larriva de Llona (1848-1924), pionera del negrismo literario, de la cuentística y de la narrativa fantástica en el Perú. Argus-a, 10(7), 1-17. https://www.argus-a.com/archivos-dinamicas/1509- 1.pdf
Denegri, F. (1996). El abanico y la cigarrera. La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú. Flora Tristán.
Díaz Manunta, J. (2018). El personaje femenino en los cuentos de Lastenia Larriva de Llona. Subalternidad y representación [Tesis de Maestría, Universidad Nacional Mayor de San Marcos]. https://cybertesis.unmsm.edu.pe/item/74c9f81d-3b05- 47e3-beb3-3d7f209607da
Donayre, J. (2018). Prólogo. Cuentos. Grafos y Maquinaciones.
Larriva de Llona, L. (1919). Cuentos. Imprenta del Estado Mayor General del Ejército.
Mestanza, C. (20 de febrero de 2019). La historia de como la temible peste bubónica llegó al Perú y los daños que causó. El Comercio. https://elcomercio.pe/tecnologia/actualidad/salud-historia-temible-peste-bubonica-llego-peru-danos-causo-noticias-609240-noticia/?ref=ecr
Peluffo, A. (2022). Esclavitud infantil y muñecas vivientes en el Perú del siglo XIX. Revista Chilena de Literatura, (105), 511-530. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22952022000100511
Tauzin, I. (2010). Acerca del conformismo de Lastenia Larriva de Llona. En Claire Martin y Nelly Goswitz (eds), Escribiendo desde los márgenes. Escritoras latinoamericanas del siglo XIX y sus críticas (pp. 1-5). Universidad Estatal de California.