
CUERPO, ANOMALÍA Y DETERIORO: ENFERMEDAD Y MARGINALIDAD EN «LORENZITA» DE MANUEL ATANASIO FUENTES
Roxana Lucía Gómez Chana
Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM)
El relato «Lorenzita» de Manuel Atanasio Fuentes constituye un ejemplo significativo de cómo la literatura peruana del siglo XIX articula el discurso costumbrista con una mirada influida por la medicina y el pensamiento positivista. Lejos de limitarse a la descripción de tipos sociales, el texto construye una figura que encarna la ambigüedad corporal, la marginalidad y el deterioro físico, poniendo en evidencia la relación entre literatura y enfermedad. En esta reseña se abordará, en primer lugar, el contexto de producción del relato; luego, la estructura narrativa que organiza su sentido; y finalmente, el vínculo entre cuerpo, enfermedad e identidad, incorporando el motivo del deterioro extremo —como la inanición— dentro de una lectura crítica.
En cuanto al contexto, Manuel Atanasio Fuentes (1820-1889) escribe en una etapa en que el Perú republicano adopta modelos científicos europeos, especialmente el positivismo. Como médico y escritor, su mirada no se limita a describir, sino que tiende a clasificar y explicar. En este sentido, «Lorenzita» (1878) se sitúa en la intersección entre literatura y discurso clínico, donde el cuerpo se convierte en objeto de observación, diagnóstico y juicio social.
Uno de los aspectos más relevantes del cuento es su estructura en cinco apartados, organizados mediante números romanos, lo que permite observar una progresión clara en la construcción del personaje y su destino. En el primer apartado, situado en 1828, se presenta a Lorencito como un adolescente que inicia sus estudios. Desde el comienzo, el narrador enfatiza su ambigüedad: «Más que niño hubiérase dicho que era una niña» (1878, p. 202), destacando una apariencia que se aparta de las expectativas masculinas. Esta caracterización no se asocia a la belleza, sino a una irregularidad física que ya lo coloca en una zona de extrañeza. Asimismo, el texto introduce una observación significativa: «El latín es lengua á (sic) que las mujeres no tienen mucha afición y en esto se parecía también Lorenzito á (sic) las mujeres» (1878, p. 202). Esta afirmación revela no solo un prejuicio de género propio de la época, sino también la insistencia en clasificar al personaje a partir de normas sociales rígidas, reforzando su condición de «anómalo».
En el segundo apartado, se produce una elipsis temporal: el narrador deja de seguir al personaje por algunos años y lo reintroduce en un nuevo espacio urbano. Aquí se señala que, abandonados los estudios clásicos, Lorenzito se entrega a «las ciencias y las artes». Este desplazamiento resulta significativo, pues sugiere una búsqueda de lugar en ámbitos distintos, aunque sin lograr una integración plena. La fragmentación del relato —con estas interrupciones en la continuidad— contribuye a mostrar una vida discontinua, marcada por la inestabilidad.
El tercer apartado vuelve a introducir una ruptura, situando al personaje en un espacio más íntimo y degradado: «el oscuro cuarto del traspatio». Este cambio de escenario simboliza un descenso social y vital. El espacio ya no es público ni formativo, sino marginal, lo que anticipa el deterioro progresivo del personaje. La estructura acompaña el tránsito desde una relativa inserción social hacia una creciente exclusión.
En el cuarto y quinto apartado —donde se concentra el desenlace— se articulan los elementos más dramáticos del relato. En primer lugar, se produce la escena de revelación, donde el personaje confiesa: «Yo no soy una mujer, soy un hombre desgraciado… no he echado en mi estómago ni una hilacha… por proporcionarme los medios de no morir de inanición» (1878, p. 203) . Este momento constituye el clímax narrativo, ya que redefine todo lo anterior: la ambigüedad deja de ser solo una característica identitaria y se revela como una estrategia desesperada de supervivencia. La inanición aparece aquí como eje central no solo como condición física, sino como signo de abandono social.
La reacción violenta que sigue —la golpiza que lo deja medio muerto— marca el paso hacia el desenlace final. El traslado al Hospital de Santa Ana y, luego, al de San Andrés introduce el ámbito institucional, donde el cuerpo de Lorenzito es nuevamente observado y clasificado. La expresión «extravío de la naturaleza» evidencia cómo su diferencia es interpretada como error, mientras que la intervención de una «figura más entendida» refuerza la autoridad del discurso médico para definir su identidad.
Finalmente, el narrador cierra el relato revelando que ese «hombre-mujer» era Lorenzito y señala que «la abundante cena, la más abundante garroteadura y los achaques de la dolencia crónica» (1878, p. 203) precipitan su muerte. Este desenlace articula los tres ejes fundamentales del cuento: hambre, violencia y enfermedad. La muerte aparece así como consecuencia de un proceso acumulativo de deterioro físico y exclusión social.
A partir de este desarrollo, se hace evidente el vínculo entre literatura y enfermedad. Como señala Michel Foucault, «la mirada clínica tiene esta virtud paradójica de escuchar un lenguaje en el momento en que percibe un espectáculo» (2003, p. 107). En Lorenzita esta lógica se manifiesta en la constante necesidad de describir, interpretar y clasificar el cuerpo del personaje. Asimismo, el autor explica que «ver consiste en dejar aparecer lo que se muestra» (Foucault, 2003, p. 89), lo que permite entender cómo el narrador construye a Lorenzito como objeto de observación.
Desde la perspectiva de Georges Canguilhem, «lo patológico no es la ausencia de norma, sino la instauración de una nueva norma de vida» (2009, p. 127). En este caso, Lorenzito encarna una forma de existencia que la sociedad no puede integrar, por lo que es percibido como desviación. Su cuerpo no se ajusta a las expectativas sociales y, por ello, es interpretado como anomalía.
Por su parte, Susan Sontag afirma que «la enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más onerosa» (2003, p. 11). Esta idea permite interpretar la inanición y la dolencia crónica de Lorenzito no solo como condiciones físicas, sino como manifestaciones de una existencia marginal. El personaje habita ese «lado nocturno», donde la exclusión social se traduce en deterioro corporal.
En conclusión, «Lorenzita» es un relato que, mediante una estructura fragmentada en cinco apartados, construye el progresivo deterioro de un personaje marcado por la ambigüedad y la marginalidad. Desde su presentación inicial hasta su muerte, el texto articula una reflexión sobre el cuerpo como espacio de conflicto entre norma y diferencia. La inanición, la violencia y la enfermedad no son elementos aislados, sino manifestaciones de un sistema que excluye aquello que no puede clasificar. En la actualidad, este texto mantiene su vigencia porque las tensiones en torno al cuerpo, la identidad y la exclusión persisten en distintas formas: los cuerpos que no se ajustan a normas sociales siguen siendo objeto de estigmatización, mientras que la pobreza y la enfermedad continúan evidenciando desigualdades estructurales. Así el cuento no solo describe una realidad del siglo XIX, sino que invita a reflexionar sobre problemáticas aún presentes en la sociedad contemporánea.
BIBLIOGRAFÍA
Canguilhem, G. (2009). Lo normal y lo patológico. Siglo XXI.
Foucault, M. (2003). El nacimiento de la clínica. Siglo XXI.
Fuentes, M. (1878). Lorenzita. La Broma, 202-203.
Sontag, S. (2003). La enfermedad y sus metáforas. Taurus.